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LA BELLEZA DE LO IMPERFECTO

Pasé 22 años de mi vida creyendo que tenía el control sobre mi vida. Me esforzaba por ser la mejor estudiante, la mejor hija, la mejor hermana. Sentía una intensa necesidad de pertenecer a algo que me diera identidad, que me dijera quién soy, que me definiera por el tipo de música que escuchaba o que tipo de libros leía con sarcasmo.

Me invadió el ego, me sentía única, especial y mejor que cualquier persona. No supe cuando ser mujer, no sabía maquillarme, no me importaba si me veían con los mismos tenis y blusas negras, esa esa yo. Me mostraba al mundo sin pena, mostraba mis cicatrices y reía con furor mis errores.

Me volví simple y, a mis 28 años la gente cree que soy complicada. Ya no corro mi vida al compás del reloj, ni pretendo estar a cargo de todo. He aprendido que hay gente que va y viene de tu vida, te enseñan lo que necesitas y desaparecen una mañana. Me rompieron el corazón infinidad de veces, no me hice más fuerte sino más sabia.

Aprendí amar mis imperfecciones.
Aprendí a escuchar sin decir nada.

La belleza de lo imperfecto, la sabiduría infinita en dejar que el universo fluya.

Deje de tomarme en serio, no tuve que copiarle a nadie, esculpí mi propio modelo y libere mi espíritu. Convertí mis buenas ideas en maravillosas palabras, genere destinos, camine descalza entre piedras y sintonice la mejor sinfonía. La sinfonía de mi vida convirtiéndose en lo que deseaba.

Las cosas me dejaron de molestarme, acepte a los demás con sus más raras formas de ser. Fui un desperfecto en la sociedad y lo abracé. La vida no viene con instrucciones, seguí mis reglas y no deje que nadie me sometiera como debía comportarme.

Me arriesgué.
Fui fiel.

Y evolucione a la mejor versión de mi misma.

Lo que me hace especial es bailar bajo la lluvia, cuando hay una tormenta.

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VALGO LA PENA, YO LO SÉ

Se que soy un desastre como mujer, no soy la típica mujer que se arregla cada día para salir a caminar, no soy la típica chica que se conquista con regalos caros, ni la que pinta su rostro con capas de maquillaje. No, no soy la típica mujer que encuentras con tus amigos los sábados en los bares.

Soy una mujer simple y a la vez complicada. A veces ni yo misma me entiendo y sé que eso puede llegar a sacar tanto de quicio a alguien pero te pido que me tengas paciencia.

Soy de las que me gustan los regalos hechos a mano, soy de las que quiere detalles inesperados sin fechas indicadas, soy de las que les gusta que le besen en la frente y le digan “te quiero”.

Me gusta ir con tu camiseta como loca correteando por el pasillo de tu casa, cantando y bailando como una loca cuando prendes la radio del salón, me gusta que me hagas sonreír cada día, me gusta que me arropes si tengo frió, me gusta que me demuestres que me quieres en vez de decírmelo tantas veces.

Quiero que me agarres fuerte, pero no me sueltes.

Repito que no soy la típica chica corriente y que eso supondrá que tendrás que dedicar mucho tiempo a conocerme a mi y a mi mundo propio. Pero créeme, merece la pena conocerme.

Soy una persona cariñosa, extrovertida aunque en ocasiones bastante tímida, me gusta pasar tiempo a solas y saber quererme a mi misma para luego poder querer a otra persona, como a ti por ejemplo.

Me gusta pasar tiempo con mis amigos, con mi familia, me gusta salir a bailar aunque no tenga ni idea de hacerlo, me gustan las cervezas un miércoles cualquiera por la tarde, me encanta hacer reír a la gente, soy de las que cuido de la gente que me importa e incluso de la que no también.

Me gusta dedicar tiempo a las personas de mi entorno, ser detallista, paciente con ellos, ser su confidente, saber escucharlos y apoyarlos para mi eso es algo muy importante.

Me gustan las películas y acostarme en mi cama, pero me encanta salir de fiesta y disfrutar del mundo ante mis pies.

Soy un poco bipolar también, lo reconozco aunque a veces ese punto me cueste reconocerlo, soy algo terca y orgullosa. Pero he aprendido a lo largo de los años que el orgullo lo pierdo por cualquiera que merece la pena, solo tienes que saber hacerme ver y sentir que “mereces la pena”.

Quiéreme, cuídame, protégeme. Pero sobretodo te pido que me aceptes con mis mayores defectos y virtudes. Que ames cada trocito que me forma a mi.

Porque cuando aprendas a amarme tal y como soy, sabré que me quieres sinceramente y ahí será cuando te agarre y créeme no te dejaré caer, no te soltaré.