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SABER ESTAR BIEN EN LA INCOMODIDAD

En retrospectiva, mi zona de confort es el mejor hogar. Cuando enfrento algo nuevo, un reto o algo similar, me preparo como si afuera estuviera lloviendo a cantaros. Entiendo que todos somos capaces de conseguir cualquier cosa si nos lo proponemos. Muchas veces, antes de salir de mi hermoso hogar conformista, aprieto mis manos y ni modo. Me aviento al ruedo y gracias a ello he vivido grandes experiencias.

Sin embargo, esta forma de lanzarme al vacío del “será lo que tenga que ser” ha dejado huellas en mi persona, pequeños traumas que van a tener repercusión toda mi vida.

Me gusta probar cosas nuevas, soy un George el curioso por naturaleza. Pero salirme de mi zona de confort hace que tenga sensaciones nada agradables, como la incomodidad. En los últimos meses y días, he prestado más atención a lo que siento y pienso. Y me ha ayudado a comprender y entender porque me siento incomoda ante ciertas situaciones como por ejemplo:

  • Cuando me critican.
  • Cuando tengo miedo.
  • Cuando me siento insegura.
  • Cuando nada es como quiero que sea.
  • Cuando alguien hace algo que no me gusta.
  • Cuando me siento observada.

Generalmente, esta sensación no es nada placentera. Me hace sentir fuera de lugar y tengo dos opciones:

  • O la evado.
  • O me resisto.

Si la evado, entonces trato de hacer algo diferente para sentirme cómoda.
Si la resisto, me provoca ansiedad, enojo y estrés.

Poco a poco he aprendido a aceptar que soy como soy. Cuando estoy ante un momento incomodo, ya no trato de cambiarlo. Si algo me hace sentir fuera de lugar, entonces mi mente comienza a viajar por otros mundos. Es como el mejor mecanismo de defensa que he tenido hasta el momento. Y no es que lo ignore, sino que aprendí que nada es para siempre. Mover mis pensamientos hacia otro lado y enfocarlos en algo que me gusta, es lo que me ha servido hasta hoy.

Creo que cada persona descubre cómo hacer frente a la incomodidad. No a todas nos funciona lo mismo, porque no somos iguales. Cada quién busca y encuentra la respuesta correcta a lo que somos.

Así que de ahora en adelante. No mires a la incomodidad como algo malo, vívela y siéntela. Recuerda que el control sólo lo tienes tú y nadie más.

¿Qué piensas?

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¿TE RINDES?

-Entonces…¿Te rindes?

Nunca fui muy buena con las respuestas pero teniéndolo encima no me daban ganas de rendirme nunca.

Jugábamos a todo, a querernos, a pelearnos, a mejorarnos. Éramos un par de preguntas existenciales que al final nunca encontraban respuesta, pero nos gustaba buscar.

Éramos litros de té que al final nunca tomábamos porque teníamos otro tipo de  sed, otro tipo de antojo que se nos quitaba riendo.

Fuiste el primer planeta en el que de verdad quería vivir, quería despertar todos los días en ti y hacerte de ganas el desayuno. Probarte cuando tuvieras un mal día, deshacer la cama mientras busco tus manos.

Sabías que podías quedarte arriba todo el tiempo que quisieras, que aunque me cortaras el aire, tenía suficiente contigo.

-¿Te…rindes…ya?

Empecé a recordar todo. Nuestro terrorífico comienzo, las tristezas sin sentido, todas esas ocasiones en que me tomaste la cintura con aquella canción que no sabías bailar.

Sabías mejor que el pasado, que todos esos vestidos que me ponía de mal modo porque no quería salir de mi cama, sabías mejor que las madrugadas mirando el techo y detectando todas las anomalías de mi vida.

Sabías mejor que todo.

-…Nunca.

Te respondí.

Te quitaste de encima y me abrazaste como jamás lo habías hecho, sé que logro darte ternura a veces pero nunca te lo había dicho tan en serio.

“No pienso rendirme contigo…nunca”

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VALGO LA PENA, YO LO SÉ

Se que soy un desastre como mujer, no soy la típica mujer que se arregla cada día para salir a caminar, no soy la típica chica que se conquista con regalos caros, ni la que pinta su rostro con capas de maquillaje. No, no soy la típica mujer que encuentras con tus amigos los sábados en los bares.

Soy una mujer simple y a la vez complicada. A veces ni yo misma me entiendo y sé que eso puede llegar a sacar tanto de quicio a alguien pero te pido que me tengas paciencia.

Soy de las que me gustan los regalos hechos a mano, soy de las que quiere detalles inesperados sin fechas indicadas, soy de las que les gusta que le besen en la frente y le digan “te quiero”.

Me gusta ir con tu camiseta como loca correteando por el pasillo de tu casa, cantando y bailando como una loca cuando prendes la radio del salón, me gusta que me hagas sonreír cada día, me gusta que me arropes si tengo frió, me gusta que me demuestres que me quieres en vez de decírmelo tantas veces.

Quiero que me agarres fuerte, pero no me sueltes.

Repito que no soy la típica chica corriente y que eso supondrá que tendrás que dedicar mucho tiempo a conocerme a mi y a mi mundo propio. Pero créeme, merece la pena conocerme.

Soy una persona cariñosa, extrovertida aunque en ocasiones bastante tímida, me gusta pasar tiempo a solas y saber quererme a mi misma para luego poder querer a otra persona, como a ti por ejemplo.

Me gusta pasar tiempo con mis amigos, con mi familia, me gusta salir a bailar aunque no tenga ni idea de hacerlo, me gustan las cervezas un miércoles cualquiera por la tarde, me encanta hacer reír a la gente, soy de las que cuido de la gente que me importa e incluso de la que no también.

Me gusta dedicar tiempo a las personas de mi entorno, ser detallista, paciente con ellos, ser su confidente, saber escucharlos y apoyarlos para mi eso es algo muy importante.

Me gustan las películas y acostarme en mi cama, pero me encanta salir de fiesta y disfrutar del mundo ante mis pies.

Soy un poco bipolar también, lo reconozco aunque a veces ese punto me cueste reconocerlo, soy algo terca y orgullosa. Pero he aprendido a lo largo de los años que el orgullo lo pierdo por cualquiera que merece la pena, solo tienes que saber hacerme ver y sentir que “mereces la pena”.

Quiéreme, cuídame, protégeme. Pero sobretodo te pido que me aceptes con mis mayores defectos y virtudes. Que ames cada trocito que me forma a mi.

Porque cuando aprendas a amarme tal y como soy, sabré que me quieres sinceramente y ahí será cuando te agarre y créeme no te dejaré caer, no te soltaré.