Carta a mi YO futura

Querida Melody: te escribo desde la comodidad de tu habitación en la casa de tus padres. Hoy es un día nublado, de esos que te gustan para tomar café mirando por tú ventana.

Todo lo que te quisiera decir está cargado de palabras como “Espero que”, “Deseo que”; pero no debería de ponerte esas expectativas.

Quisiera verte leer esta carta con una gran sonrisa en tu boca. Escuchando música y con tus ojos bien abiertos. Quiero que me leas con curiosidad, cómo cuando admiras el cielo estrellado en aquellas noches despejadas que tanto te fascinan.

En estos momentos, quisiera que te encuentres feliz. Sé que no ha sido un camino fácil por recorrer, entiendo y comprendo tus dudas y obstáculos que miras enfrente. Sólo me queda decirte que NO TENGAS MIEDO. Enfrenta tus temores y mira la vida pasar.

Léeme.

Toma aquel libro que tanto te gusta, el libro que escribiste con la ayuda de tu mejor amiga. Admíralo, huélelo, dime cómo es, dime que te gusta, que disfrutaste escribirlo… fue tú primer amor.

Quiero que me digas que estás enamorada de tu reflejo, que continúas amándote y cuidando de tu cuerpo y alma.

Dime que has seguido bailando. Quiero que ese álbum de fotos este lleno de recuerdos en los escenarios. Qué sigues sintiendo mariposas en el estómago de nervios y emoción. Dime que bailas con el mismo sentimiento, que aprovechas cada momento para aprender y amar lo que te apasiona.

Cuéntame cómo esta tú familia. Espero que ante todo, estén bien. Ojalá hayan continuado viajando, conociendo y admirando paisajes.

¿Qué estás escuchando ahora? Tus gustos musicales varían con cada momento de tu vida. Eres buena para reconocer una pieza excepcional.

Dime cuáles son los mejores lugares que has conocido. Cuéntame de los sueños que te faltan, dime para cuándo son. ¿Has viajado sola? ¿Ya nadaste con tiburones? ¿Fuiste voluntaria en alguna reserva natural?

Cuéntame de aquel amor, cuéntame sus historias. Háblame de lo que has aprendido y de aquello que has perdido. Dime si conservas a los verdaderos amigos.

Dime que tuviste reencuentros. Dime que confiaste, que confías y que cada reto ha sido “la oportunidad de la vida”. Dime que eres feliz, dime que todos son felices.

Descríbeme la casa que tanto quieres en el bosque, sé que has vivido en ella y admiras desde tu ventana las estrellas o te la pasas leyendo en aquella biblioteca enorme.

Dime que das tu mejor versión y que el saldo de remordimientos está en ceros. Dime que no tienes deudas y que tienes un andar ligero.

Dime que tus pisadas no contaminan. Dime que de nada dependes, que a nadie has lastimado ni ofendido, que cometes errores con valentía, que prácticas el presente. Dime que duermes por las noches. Dime que lo has logrado todo, todo. Dime que no te arrepientes de nada, de nada pero sobre todo, dime que ya no le tienes miedo a la muerte.

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