Mi vida aceptándome tal como soy

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Como toda mujer, me gusta sentirme atractiva. Crecí con la idea de que para conquistar a la gente, (no me refiero sólo a hombres, si no a la sociedad entera), tenía que vestirme de cierta manera, arreglar mi cabello, maquillarme, “verme bonita”, lo cual no era sencillo, de acuerdo con las revistas, la televisión y sobre todo “la moda”, hay que vernos de cierta forma.

Yo soy la chica que, no se parece a esos delicados rostros de los anuncios. No tengo el cabello más brilloso ni las piernas más largas, sólo soy una mujer promedio.

Cuando comencé a bailar flamenco, tenía 19 años y pesaba 75kg. Fue un proceso muy difícil aceptar que los vestidos entallados no me favorecían, que mis brazos se veían eran gordos y mis piernas también. Me esforcé por aprender a maquillarme, hacer unas sombras bien difuminadas en mis ojos, ponerle suficiente rímel a mis pestañas para hacer resaltar mi mirada y busqué un maquillaje que tapara mis granitos y mis ojeras. Sin embargo, al mirarme al espejo tenía el efecto contrario al buscado. No me sentía bonita.

Pasaron 4 años para poder experimentar el verdadero amor a uno mismo. Hicieron audiciones para la “Compañía de Danza Flamenca” de mi Universidad. Dejé aún lado el miedo, la inseguridad y quise intentarlo, me sentía preparada para hacerlo. Me hice la idea de que buscaban personas con técnica y proyección, más que gente que le quedará perfecto un vestido entallado, sin lonjas y sin panza. Ahí fue cuando todo cambio. Audicioné y fui seleccionada.

Gracias al flamenco, comencé amar mi imagen. Ensayar frente a un espejo, ver tu cuerpo crear movimientos, mirar tus expresiones y sentir fue lo que me salvó de ahogarme. Comencé a enamorarme de la Melody que estaba frente a mi. Disfrutaba maquillarme cuando teníamos presentaciones, ame el color de mi piel que contrastaba con el rojo de mis labios, me cautivaba mi mirada. Ya no me importaba como me veía físicamente. Por primera vez, disfrutaba lo que hacía.

Por bailar tanto, baje de peso. No me sometí a ninguna dieta, ni me mataba de hambre. Ahora estoy más delgada pero sigo feliz con mi imagen. Fui acostumbrándome y acostumbrando a los demás a verme así, feliz, mostré orgullosa mis ojeras, mi piel morena, dejé que sólo cuando presentaba ciertos sentimientos, mis cachetes se sonrojaran naturalmente.

Fue un proceso, y eso implica aceptarme tal y como soy, con imperfecciones. Yo simplemente puedo decir que me he descubierto cómodamente hermosa. Entendí que las mujeres somos naturalmente hermosas, que no es verdad que necesitamos tantas cosas para ser atractivas, que si nos olvidáramos de ese miedo al rechazo seríamos también mucho más felices, sin tanto de todo eso que creemos necesitar.

Uso tacones de cuando en cuando, el día que se me antoje me maquillaré también, quizás de repente quiera ver cómo se ve mi cabello lacio pero puedo decir que nunca me permitiré sentirme presionada por lucir de cierta manera, y sobre todo que nunca me sentiré menos linda que una mujer tremendamente arreglada. Estoy orgullosa de revelarme contra el mundo y decir “Yo soy hermosa sin todo eso que me vendes”.

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2 comentarios en “Mi vida aceptándome tal como soy”

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